Ciclo de Cine Debate

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Primer “Pueblo en Transición” de Latinoamérica está en Chile

A 20 km de Cabrero, en la Región del Biobío, está el primer “transition town” de Latinoamérica y el único en Chile. Se llama Villa El Manzano y es un poblado diminuto que pretende lograr la autosustentabilidad ecológica. Detrás de este autárquico proyecto hay tres hermanos santiaguinos que sueñan con cambiar el mundo. Por Daniela González / Fotografía: Jonathan Jacobsen.


No son más de tres calles. No existe el pavimento. No hay plaza, ni autos, ni zapatos de tacos que golpeen la acera. No hay ruido, tampoco, pero sí se oye, perfectamente, el viento que golpea las hojas de los árboles. Eso es lo que más se escucha. Y también los pájaros que cantan. Hay pollos que siguen a una gallina negra, hay caballos en los jardines de las casas y, en el centro de esta villa, hay una caseta telefónica desocupada que se asoma como el único rastro de urbanismo.
Acá todo el terreno es de arena. Pero de él, casi por milagro, brotan y crecen tomates, zapallos italianos, arándanos, lechugas, papas, porotos, pimentones o ajíes. Los árboles están cargados de duraznos jugosos, manzanas dulces y ciruelas rojas. Es arena seca la que hay debajo y, sin embargo, sobran las betarragas y las zanahorias en el suelo. Las matas de frambuesas se esparcen y nadie las lava antes de comerlas. Porque están sanas. Porque nunca tuvieron algún químico que las haya ayudado a crecer.
Un hombre de camisa a cuadros, jeans y piel tostada pasa caminando. Es el primero que circula por aquí en la última media hora de esta mañana de miércoles. Su jockey naranja dice con letras grandes: “El Manzano. En transición hacia un futuro sustentable”. En El Manzano todos tienen un jockey así.
La Villa El Manzano se ubica a 20 km de Cabrero y a 75 km de Los Ángeles, justo en medio de los Arenales de la Región del Biobío, que se formaron después de una milenaria erupción del volcán Antuco y que dejó ese territorio con 90% de arena volcánica. Los arenales están delimitados por los ríos Itata y Laja, y es el único sector de Chile que tiene este tipo de suelo. Por eso, hasta hace poco, la gente de El Manzano no confiaba en que su tierra tuviera alguna gracia fértil más que para plantar pinos.
Pero llegaron los Carrión. Tres hermanos santiaguinos –Javiera, Jorge y José– que creían que allí podría funcionar la agricultura orgánica e incluso más: su sueño era conseguir la soberanía alimentaria. Independizarse de los supermercados. Vivir en la abundancia. Y cultivar el respeto único por la tierra, que incluye contaminarla lo menos que se pueda y evitar el gasto excesivo de energía.
Con ese espíritu, los Carrión contagiaron a los pobladores de la Villa El Manzano y ahora esta localidad, habitada por 72 personas, es el primer “transition town” de Latinoamérica y el único de Chile: una villa en transición que pretende, algún día y de la mano de la ecología, ser autosustentable. Para conseguirlo faltan décadas, pero van avanzando.
Ya hay 10 familias que tienen una lombricera en su patio en el que se echan todos los restos orgánicos de la basura. De ahí sale abono para las plantas. En cinco casas hay baños secos –de esos que sólo tienen un hoyo y que en vez de tirar la cadena se echa un puñado de aserrín– pensados para no malgastar el agua. Y cada poblador de El Manzano tiene una chacra casera. Para fertilizar sus cultivos utilizan el compostaje que hacen con paja y excremento de animal, con lo que tienen mucha comida –de su propio suelo– asegurada. Las 30 familias de la villa sí dependen del sistema eléctrico y pagan la cuenta de la luz, pero no contratan agua potable, pues en los Arenales del Biobío las napas subterráneas están tan al borde de la superficie, que si se hace un agujero de seis metros el líquido sale desde el fondo. En cada casa hay una bomba manual para sacar esa agua. También poseen estanques para reciclar el agua lluvia y en un tiempo más pretenden tener energía renovable, un huerto común y calentadores solares en vez de calefones.
Lo que los Carrión están instaurando en El Manzano se llama permacultura: un sistema que busca crear asentamientos humanos ecológicamente sanos y económicamente viables, que produzcan lo necesario para satisfacer las necesidades de quienes los pueblan.
Este método fue creado a mediados de la década del 70 por los australianos Bill Mollison y David Holmgren y se ha transformado en un movimiento internacional. La permacultura se enseña en varios institutos de educación superior y en la globalizada Universidad Gaia (que tiene sedes en distintas ecoescuelas y centros de permacultura, y dicta cursos presenciales y online en varios países del mundo); se impulsan proyectos de ecoaldeas y ecoescuelas en distintos continentes, y los pueblos en transición proliferan desde que Transition Network (www.transitionnetwork.org) creó la iniciativa en 2006. Hay 348 transition towns en el mundo, distribuidos en 31 países. El Manzano, que partió en 2007, fue la iniciativa número 91.
De la rama más baja de un árbol, un niño rubio de dos años saca un durazno. Lo toma con sus manos, lo masca con fuerza y se concentra en que no se le escape el jugo que sale de la fruta. Cuando acaba, bota lo que queda al pasto y sigue jugando entre las matas de frambuesas. Su madre, Javiera Carrión (32, agrónoma), no le dice en ningún momento que se limpie las manos, que lave la fruta o que recoja el cuesco. Porque en El Manzano se vive en libertad, y si alguien tiene hambre, sólo debe estirar los dedos y sacar algo de la tierra para saciarse.
Javiera es la mayor de los Carrión. Con sus hermanos Jorge (29, agrónomo) y José (25, técnico agrícola), desde chicos que visitaban el fundo de su abuelo en El Manzano. Desde ese tiempo que nació su amor por la tierra. Y también su intranquilidad. Lo que les preocupaba era el desgaste del planeta, la contaminación, el inevitable colapso del sistema. “El petróleo se está agotando, somos ciento por ciento dependientes de este combustible fósil, y el cambio climático es cada vez más evidente”, dice Javiera. “En algún minuto se pensó que este modelo iba a funcionar, pero no es así. El sistema económico impulsa el mayor consumismo, las emisiones de carbono, y potencia que la gente del campo se vaya a las ciudades”, agrega.
A Jorge el desasosiego le comenzó en sus años universitarios: “Cada vez me desencantaba más, porque en la universidad aprendías a controlar a la naturaleza, no a colaborar a que siga su curso”, explica. Reaccionó armando grupos universitarios para promocionar la ecoagricultura y, en el fundo, comenzó a hacer sus primeros experimentos de plantar sin químicos.
Javiera también tenía el sueño de cambiar el mundo. Trabajó en empresas hasta que reunió plata y se fue a Nueva Zelanda a hacer un curso de permacultura. Volvió junto a su marido Grifen Hope (35, planificador y urbanista), quien sabe mucho del tema. En 2007 la madre de los Carrión estuvo a punto de vender el fundo. “Nosotros nos haremos cargo”, dijeron los hermanos.
Javiera se fue con Grifen a vivir allí; Jorge llegó con su pareja, Carolina Heidke (27, ingeniera ambiental), y se sumó el hermano menor, José. Y, como quieren cambiar el mundo, comenzaron a trabajar arduamente.
Lo primero fue hacer compostaje y huertos. Se plantearon como objetivo motivar a la comunidad, así que empezaron a reunirse con ellos cada sábado, en las juntas vecinales. Allí les hablaron de autosuficiencia ecológica y postularon a la villa como transition town. En 2008 vino la creación de la Ecoescuela El Manzano, que ofrece cursos y un diplomado en permacultura.
Los pobladores de El Manzano no usan las palabras permacultura o autosustentabilidad, pero reconocen que ha habido un cambio desde que llegaron los Carrión. Lo asocian al ahorro y a la dignificación de su propio estilo de vida. Y lo valoran. Miguel Suazo (62, campesino) conocía a Javiera desde que era una niña rubia que jugaba entre los árboles. “Pero ella no se acuerda”, dice. “Los Carrión son buenas personas. Si te pillan en el camino, te llevan en el auto”.
Miguel es uno de los pobladores más comprometidos con el cambio que los hermanos están impulsando en El Manzano. Por ahora, vive en una mediagua de madera, pero está pronto a cambiarse de casa a una que los Carrión le han ayudado a construir con técnicas de bioconstrucción. Las paredes están hechas de paja, adobe y madera. Tiene dos habitaciones, ventanas pequeñas y agrupadas, y un baño seco. Cuenta también con una lombricera, una bomba manual de agua y una huerta con sandías, maíz, arvejas, porotos y papas. “El otro día pasó una persona vendiendo verduras y yo sólo tuve que comprarle tomates. Nada más”, contesta Miguel cuando se le pregunta qué significa para él estar en vías de ser autosustentable. Y agrega: “Las lombriceras, según dicen, dan 70 kilos de abono al año. Y eso es mucho ahorro”.
Otros lugareños se han sumado al entusiasmo. Están Adriana Herrera (55), quien tiene un invernadero orgánico repleto de apio, tomates, porotos y albahaca; Roxana Bravo (33), que construyó un deshidratador para secar callampas y frutas, y Edith Aravena (50) que hace pan amasado con harina del Fundo El Manzano y que todos los sábados va sin falta a reuniones donde aprende lo importante que es la autosustentabilidad.
“Cuando llegamos al Manzano”, cuenta Jorge, “la gente sólo quería irse a la ciudad. Nosotros, en cambio, somos gente que vivió en la modernidad y que decidió volver a la vida simple. En un futuro va a venir un doctor de Harvard a preguntarle a un campesino cómo sobrevivir”, dice convencido.
Los Carrión se han llenado de proyectos. Han obtenido Fondos de Protección Ambiental (FPA) del Estado para invertir en la villa y comprar materiales. Realizan constantemente cursos de permacultura a afuerinos que llegan por dos semanas a vivir al fundo, comer vegetales, y aprender sobre autosustentabilidad (ver recuadro). Este año, incluso, iniciarán un magíster en permacultura, asociados con la Universidad de Gaia.
La escuelita municipal de El Manzano estuvo a punto de cerrarse hace dos años, por falta de niños, pero lograron mantenerla. Lo que hicieron fue ingresar la escuela a un programa de establecimientos sustentables del Ministerio del Medio Ambiente. Eso implicó que los alumnos aprendieran permacultura en sus clases y reciclaran la basura. Así, además, lograron que los habitantes de El Manzano inscribieran a sus hijos en la escuela.
Ahora quieren capacitar a profesores de otras comunas de la región para que hagan lo mismo. Asesoran constantemente a la Municipalidad de Cabrero y han logrado que ésta haya transformado algunas prácticas: los encargados del Programa de Desarrollo Local, por ejemplo, ya no regalan herbicidas a los campesinos. En vez de eso, les dan lombriceras. También crearon el Instituto Chileno de Permacultura, que es una asociación que reúne a otros movimientos de permacultores chilenos. Y, como si fuera poco, exportan arándanos orgánicos a Canadá. Pese a todo, sienten que les falta mucho. “Ésta es una volada súper autoexigente”, dice Javiera.
Si en algún momento la comunidad de El Manzano valoró especialmente su particular estilo de vida fue en los días que siguieron al terremoto del 27 de febrero de 2010. En la misma región del epicentro, y pisando arenas que se movían como olas de mar, se sintieron seguros. Más seguros que nunca. Mientras localidades vecinas sufrían por el abastecimiento, a ellos nunca les faltó el agua y la comida estuvo siempre al alcance de la mano en sus propios patios. Entonces entendieron como nunca eso que enseñan en la permacultura: que ser sustentable significa hacerse cargo de uno mismo.
No es necesario vivir en El Manzano para aprender a llevar una vida autosustentable. Los hermanos Carrión enseñan permacultura en talleres de 15 días, en invierno y verano. La actividad es un panorama ideal para padres e hijos: mientras los adultos asisten a clases teóricas y prácticas, los pequeños recorren los campos o nadan en la laguna. Se aloja en carpas y todas las comidas son vegetarianas, elaboradas con productos orgánicos.

miércoles, 31 de agosto de 2011

PLANETA LIBRE

CICLO DE CINE DEBATE
LUNES 5 DE SEPTIEMBRE DE 2011
CAFE DEL CENTRO CULTURAL MELIPAL
21:00 HS.
PLANETA LIBRE

En un pequeño y lejano planeta, su población con apariencia igual a la humana anda por el año 6000 y esa sociedad está tan avanzada que, entre otras cosas, han prescindido hace mucho tiempo del dinero y de la dependencia de casi todos los objetos materiales. La vida promedio de esos seres evolucionados dura alrededor de 250 años, se comunican telepáticamente y sus actividades se desarrollan en un completo y armónico contacto con la naturaleza.

En la reunión anual del planeta, donde intercambian libremente sus productos fruto del trabajo y decidenen forma comunitaria sus viajes, surge siempre la misma pregunta: "¿Alguien quiere ir a la Tierra?". Nadie se atreve a hacer un viaje a este peligroso y primitivo mundo, hasta que Mila, la hija del último hombre que visitó La Tierra, se ofrece como voluntaria.

Al llegar aterriza en París, en medio del caos urbano de la gran ciudad, y se producen todo tipo de situaciones graciosas pero que a la vez nos hacen reflexionar profundamente. En cada ocasión que Mila entra en contacto con un humano, se activan sus ondas y provocan cambios en las actitudes y comportamientos de los terrícolas gracias a un "programa suave" de desconexión. Asimismo en casos excepcionales Mila también puede activar a voluntad un "programa fuerte", el cual desconecta casi por completo al humano de su realidad terrestre.
Así a través de estas situaciones y de los ojos de alguien que no vive la cotidianeidad de nuestras actividades habituales, podemos descubrir con humor, ingenuidad y también si poseemos una suficiente dosis de autocrítica, diversos aspectos de nuestra alienada sociedad, sus distorsiones, sus contradicciones, los caminos sin salida en los que a veces transitamos, y muchas conductas aberrantes que dentro de las pautas de la civilización solemos juzgar como "normales". De igual manera la película nos ofrece un muestrario de las asombrosas cosas que pueden pasar en nuestras vidas si "conectamos" con otras realidades y otros niveles de conciencia.
Por medio del buen humor como su principal recurso, esta película invita a un excelente ejercicio para entender de qué manera y sin darnos cuenta, solemos encuadrarnos en modelos mentales y paradigmas que rigen la realidad circundante, dictándonos en forma inconsciente los parámetros de "lo que debe ser", y las pautas culturales acerca de la forma en que pensamos y actuamos.

jueves, 25 de agosto de 2011

Leches vegetales

Las leches se pueden realizar en cualquier momento de la germinación (que dura entre una noche de remojo (activadas) y 7 días según la semilla).

En nuestra experiencia hemos utilizado
1)      Semillas solo activadas (en el comienzo de germinación, sin que despunte el brote).
2)    Semillas en la fase intermedia del ciclo de germinación(cuyos brotes alcanzan entre 2 y 3 milímetros).
3)    Semillas al final del ciclo de la germinación.

Para preparar las leches son válidas las semillas de todos los cereales y oleaginosas (éstas deben remojarse pero no brotar, pues se ponen amargas).

Cómo hacer las leches
Las semillas o frutos secos, luego de haber quedado en agua durante la noche, las escurrimos y las licuamos con un poco de agua pura  después le agregamos más agua (para completar un litro) y colamos con un lienzo, exprimiendo muy bien, para así  extraer las leches.

martes, 23 de agosto de 2011

El Amaranto o Kiwicha

 ¿Cuáles son las propiedades nutritivas del amaranto?
El amaranto es el producto de origen vegetal más completo, es una de las fuentes más importante de proteínas, minerales y vitaminas naturales: A, B, C, B1, B2, B3; además de ácido fólico, niacina, calcio, hierro y fósforo. Además, es uno de los alimentos con altísima presencia de aminoácidos como la lisina.
La cantidad de proteína de la semilla de Alegría es mayor que la de los cereales. Contiene el doble de proteína que el maíz y el arroz, y de 60 a 80 por ciento más que el trigo. El amaranto se puede utilizar integralmente como un recurso para proporcionar a la población los requerimientos proteicos y de calorías, los cuales en la actualidad se obtiene tan sólo de 20 especies vegetales como el trigo, arroz, mijo, sorgo, papa, fríjol, soya, azúcar, etc.
Un estudio realizado, en 1975, por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos para conocer vegetales poco explotados pero con gran potencial, demostró que el amaranto es uno de los 36 cultivos más prometedores del mundo, por esta razón la misma academia lo describió como "El mejor alimento de origen vegetal para consumo humano".

¿El amaranto tiene usos medicinales? 
El amaranto ha sido aprovechado desde tiempos prehispánicos: las hojas se utilizaron para infusión contra la diarrea no sólo por su valor nutritivo, sino también por las propiedades médicas que se le atribuyen y se han confirmado con las investigaciones realizadas durante los últimos años.

martes, 16 de agosto de 2011

Proyección del film Río Arriba


BAR DEL CENTRO CULTURAL ESQUEL MELIPAL 

LUNES 22 de agosto, 21:00 HS



“RIO ARRIBA” -  Documental en donde el director es a la vez protagonista mostrando a través de un gran trabajo como los ingenios azucareros y el trabajo en la zafra, propiedad de explotadores inmigrantes del noroeste de Argentina a principios del Siglo XX, y amparados por un sistema injusto y corrupto destruyeron casi toda la cultura, las costumbres y la forma de vida de las comunidades Kollas y Aymaras, legítimos dueños de esas tierras, tan prósperas mediante su cuidado, trabajo y respeto, y destrozadas por los ambiciosos "blancos" que nada supieron cuidar de la tierra... Una realidad que se repite en cada rincón de nuestro país y a través de nuestra historia...
Río Arriba cruza dos historias, la inmigración europea a la Argentina a principios de Siglo XX y el proceso de aculturación de las sociedades Kolla - Aymara en la región de Iruya en la Provincia de Salta, noroeste de la República Argentina. La visión de hoy en día surge a través de la mirada del protagonista descendiente de aquellos inmigrantes, y el punto de vista de los actuales descendientes de los Kollas en Iruya. Este conflicto entre la cultura Kolla - Aymara y las culturas inmigradas a la Argentina refleja también una faceta importante de política de extermino de los pueblos originarios, que es la "invisibilización" de su cultura, y el intento de absorción de ella por parte de la cultura de los "vencedores"... 


ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

jueves, 4 de agosto de 2011

Una granja para el futuro

Bar del Centro Cultural Esquel Melipal
Lunes 08 de agosto - 20 hs.

"Una granja para el futuro"
Una Granja para el Futuro es un documental que fue emitido por primera vez en Febrero de 2009, como parte de la serie Natural World de la BBC. Se trata de una historia real, narrada en primera persona por su realizadora Rebecca Hosking, quien se plantea como proyecto de vida el regreso a su Devon natal, para hacerse cargo de la vieja granja familiar de sus padres. Desde su trayectoria profesional de documentalista Rebecca ha realizado varias películas sobre vida silvestre. Ahora se pregunta cómo hacer para transformar el establecimiento agrícola de su familia localizada en el Sur de Inglaterra, en una granja de bajo consumo energético más adecuada para un futuro cercano, en el que evidentemente los combustibles fósiles serán cada vez más escasos.

La entrada es libre y gratuita. Los esperamos!